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El trastorno bipolar es una patología caracterizada por la inestabilidad del ánimo, en la que coexisten periodos de exaltación anímica denominados manías ( o ) y de depresión de diversa intensidad, así como periodos de estabilidad y recuperación entre dichos episodios. Se dice que es crónico y recurrente, porque aunque la persona se puede recuperar completamente tras un episodio, si no se realiza un tratamiento preventivo los episodios vuelven a suceder.

Los trastornos bipolares se identifican en todas las culturas y razas. Son ligeramente más frecuentes en el sexo femenino. Aumentando la proporción de mujeres a medida que predomina la depresión sobre la manía de forma que entre los bipolares II hay prácticamente dos mujeres por cada varón, mientras que en los bipolares I la distribución se acerca al 50%.

La enfermedad puede presentarse a cualquier edad, pero habitualmente lo hace durante la segunda década de la vida. Si se presenta en edades avanzadas puede ser debida a factores orgánicos.

Las causas del trastorno bipolar, según investigaciones actuales, son fundamentalmente biológicas y entre ellas la genética es probablemente la más importante. Hay que tener en cuenta que los factores genéticos, aunque fundamentales, solo explican una parte del riesgo de desarrollar la enfermedad. Sobre dichos factores genéticos, actuarían factores ambientales de índole biológica (lesiones cerebrales, drogas, fármacos, cambios hormonales), psicológicos (acontecimientos estresantes, soporte social), psicosociales (circunstancias de la vida en la que una persona se ve sometida a un importante estrés) e incluso meteorológicos (cambios estacionales).

Determinadas drogas pueden desencadenar un primer ( o sucesivo) episodio del trastorno bipolar, pudiendo poner en marcha un episodio en personas portadoras de una genética de riesgo. Las drogas que son más peligrosas en este sentido son los psicoestimulantes como la cocaína y las anfetaminas y también el cannabis. En algunos casos de consumo elevado y continuado en personas con un riesgo genético no tan elevado pero en las que el consumo habría tenido unas consecuencias tan perjudiciales que la enfermedad no se habría dado sin dichos consumos.

Aunque es una enfermedad en la que hoy en día no existe cura, si existen cuidados para que la enfermedad esté controlada y tenga una buena evolución. Una buena adhesión al tratamiento farmacológico, recibir psicoterapia de apoyo, participar en tratamientos psicoeducativos, evitar el alcohol y las drogas, tener una vida ordenada con horarios regulares dando una especial importancia a las horas de sueño, evitar situaciones de estrés, hacer ejercicio con regularidad, son medidas que ayudan a convivir con la enfermedad y a mejorar la calidad de vida.

El diagnostico precoz del trastorno bipolar es clave para un tratamiento correcto y un buen pronostico,

Assumpta del Rosal

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